Inseguridad y crisis sanitaria, nuevos motivos que se suman para la emigración cubana

No los empujan el deseo de una mejora económica, porque han vivido por años en la burbuja del que recibe remesas en divisas

Basurero y aguas estancadas en el barrio de Luyanó, en La Habana.
Basurero y aguas estancadas en el barrio de Luyanó, en La Habana. / 14ymedio

La Habana/Decidió hacer las maletas en menos de 24 horas. Fue un martes. Gladys había salido con una amiga y dejó su casa "como siempre, bien cerrada". Al regresar, la puerta del apartamento, en la calle Ayestarán, en el municipio de Cerro, estaba forzada y habían desaparecido el televisor, un teléfono inalámbrico, algo de comida en el refrigerador y otras pertenencias personales. "Ese mismo día llamé a mi hijo a Miami y le dije que me pusiera el parole", recuerda.

Tras varias semanas de investigación policial, la jubilada ha perdido la esperanza de que los ladrones sean capturados y ha tenido que pedirle a una sobrina que se quede a dormir con ella. "Tengo miedo de estar en mi casa, eso nunca me había pasado, pero ahora cuando me quedo sola me dan hasta palpitaciones. Así no se puede vivir". La inseguridad que se extiende por toda la Isla se ha convertido, en los últimos años, en un nuevo motivo para emigrar.

Gladys era de las que juraba y perjuraba que no quería empezar una nueva vida en otro país, lejos de la casa donde nació hace 67 años. "Vivía cómoda, porque si le pido a mi hijo pajarito volando, pajarito volando me manda, pero ya no es una cuestión económica, me voy porque la próxima vez que se me metan en la casa, si estoy dentro, me matan". Esta semana remató algunos electrodomésticos y, con el parole ya aprobado, espera solo el permiso de viaje para subirse al avión.

La baja criminalidad fue mostrada, por décadas, como una de las conquistas sociales del modelo político impuesto en Cuba hace 65 años. Como todo autoritarismo, con una extensa red de controles, vigilantes, chivatos, policías políticos y cuerpos represivos, el régimen de La Habana era muy efectivo en detectar y neutralizar los grupos delincuenciales, las pandillas y hasta los lobos solitarios que planeaban un atraco o alguna otra fechoría. La seguridad era, al decir de un periodista independiente, un beneficio colateral de la dictadura.

Se evita salir en la noche, se mira sobre el hombro cuando se sienten pasos detrás y se esconde el móvil en la ropa interior

Sin embargo, aquella sensación de que se podía caminar de madrugada por cualquier barrio cubano sin temor a ser asaltado o asesinado, se ha esfumado hace bastante tiempo. Las puertas y ventanas se han llenado de rejas, la gente guarda en algún punto de su casa un machete, una cabilla o un tubo metálico para poder defenderse de cualquier incursión de ladrones y pillos. Se evita salir en la noche, se mira sobre el hombro cuando se sienten pasos detrás y se esconde el móvil en la ropa interior para evitar que lo arrebaten.

Los cubanos vivimos en vilo y no solo por la inseguridad.

Edwin amaneció con dolor en todo el cuerpo y fiebre. Llevaba encadenando varios días de constantes picaduras de mosquitos debido a un enorme charco de agua estancada que, en la esquina de su edificio, ha servido de criadero para el insecto Culex y los jejenes que vuelan a sus anchas por la barriada habanera de Lawton donde reside. "Estuve casi un mes que no podía ni levantarme de la cama", explica.

"Cuando me sentí peor, me decidí a ir al Policlínico pero ese día no había ni médico de guardia, solo una enfermera tratando de atender a casi diez pacientes con síntomas similares". Edwin había tratado, por todos los medios, de no contagiarse: "Vivo encerrado, tengo aire acondicionado, malla en las ventanas, nunca salgo al amanecer ni al atardecer que dicen que es cuando los mosquitos pican más, porque a mis 71 años y con diabetes, cualquier enfermedad se me puede complicar bastante".

Pero el juego a los escondidos no funcionó. "Me atrapó el Oropouche y me las vi negras". Acostado y con los escalofríos recorriendo su cuerpo, una idea le volvía una y otra vez a la cabeza: "No puedo quedarme en este país, donde no hay ni aspirinas". Cuando el virus le permitió levantarse, empezó a vender algunos electrodomésticos y remató su carro Lada. "Ya tengo el dinero para el boleto a España, hace años obtuve el pasaporte a través de mi padre y mi hija vive en Madrid, así que me  voy".

Los problemas epidemiológicos y el deterioro del sistema de Salud Pública han sido, en su caso, las principales razones para irse de la Isla. "El charco de la esquina va a seguir ahí y no puedo encerrarme en una caja de cristal para que no me piquen los mosquitos y la próxima vez que vaya al Policlínico, tranquilamente, no hay ni enfermera porque se fue en una balsa". 

Hace un año, ni Gladys ni Edwin tenían planes de vivir en otro lugar, pero este verano les llegó su "hasta aquí". No los ha empujado el deseo de una mejora económica, porque ambos han vivido por años en la burbuja del que recibe remesas en divisas y disfruta de una casa propia. Ellos armaron las maletas para escapar de la violencia y la insalubridad. Son los cuchillos y las inmundicias los causantes de que se suban pronto a un avión.

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