Los transexuales afines al régimen cubano también sufren carencias médicas y sociales
Los lidera desde hace años Verde Gil Jiménez, un joven trans de Santa Clara
La Habana/Un reducido grupo de 70 transexuales masculinos cubanos cuenta con la venia del oficialismo y, lo que es más importante, con la protección de Mariela Castro. Los lidera desde hace años Verde Gil Jiménez, un joven trans de Santa Clara que viaja semanalmente a La Habana –no explica cómo sortea la crisis de transporte– para organizarlos, y cuyo activismo pro régimen le ha abierto todas las puertas.
A pesar de ello, Gil concedió este martes a la revista Alma Mater una entrevista en la que desgrana las vicisitudes del colectivo, que ha tenido que autoorganizarse para resolver sus problemas: la falta de fármacos, de atención médica y de espacio público. Además, su voz ha estado “tradicionalmente mediada por políticas institucionales y tabúes culturales”.
El reportaje de Alma Mater publica una serie de fotos con la “jaba” que le dan los miembros del grupo: junto a pulóveres y pegatinas, hay también un paquete de testosterona: 250 gramos en cinco bulbos de inyección intramuscular. Cajas de este fármaco –indispensable para la transición física–, con letreros en portugués y probable origen en Brasil, estaban a la venta en Revolico el pasado febrero por 44 dólares.
El reportaje de 'Alma Mater' publica una serie de fotos con la “jaba” que le dan los miembros del grupo
Desde la pandemia de coronavirus el grupo no levanta cabeza. Entonces, cuenta Gil, no solo carecían de consultas especiales –“estaban paralizadas”–, sino que “no había disponibilidad de hormonas en las farmacias y el acceso a cirugías de afirmación de género era prácticamente imposible”. Algunos, además, veían agravado su estado de salud por las secuelas de la propia pandemia.
En aras de ganar visibilidad, el grupo vio en el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), dirigido por la hija de Raúl Castro, una manera de legitimar su activismo, uno de los pocos permitidos en el país, y no exento de “mandatos” de arriba. Cuando escribieron al Ministerio de Salud Pública con sus “demandas”, ya tenían el visto bueno de Mariela Castro.
Ahora, cuando todas las iniciativas –incluso si están alineadas con el régimen– se miran con recelo, el grupo es más una sociedad de “apoyo mutuo” tanto para sus más de 70 miembros inscritos como para aquellos que prefieren mantener su discreción y no sumarse a la cifra oficial. La inscripción se hace por WhatsApp o por Facebook, o bien hablando personalmente con algún miembro.
Gil alude a “distintas vías de ayuda”, pero da a entender que dependen más de sí mismos y del apoyo de colaboradores extranjeros que de sus aliados en el Gobierno. Además del Cenesex y otras entidades estatales, trabajan ahora con el Centro Cultural Padre Félix Varela –gestionado por la Iglesia católica– y su iniciativa Masculinidades Liberadoras.
Gil alude a “distintas vías de ayuda”, pero da a entender que dependen más de sí mismos y del apoyo de colaboradores extranjeros que de sus aliados en el Gobierno
Otras entidades, como el Movimiento Estudiantil Cristiano –afín al régimen y fundado en 1960– y la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, que ha jugado un rol esencial en los derechos LGBTI en EE UU, también trabajan con el grupo, que “crece en un medio de recursos limitados”.
Pese a sus continuos viajes a la capital, Gil asegura que la crisis de combustible los golpea. “Hemos diseñado nuestras actividades de manera que sean tanto presenciales como virtuales, reconociendo que muchos compañeros son del Oriente y Centro del país y no pueden viajar hasta La Habana, donde ocurren la mayor parte de los encuentros”, afirma.
Larian Arias, que comparte con Gil el liderazgo del grupo, opina que en Cuba a los transexuales “se los invisibiliza de manera constante” a nivel institucional. A los retos que señala su colega, suma “el acceso a medicamentos, la atención médica regular, una mayor información acerca de las identidades trans y una educación general más inclusiva”.
En otro material, publicado en 2023 en la misma revista, Gil advertía de otros problemas de la comunidad trans. Admitía no haber vivido muchos “episodios de transfobia” personalmente, pero aseguraba que había “mucha violencia intrafamiliar” contra los transexuales en Cuba. “Sufren humillaciones en sus hogares, en los centros educacionales y laborales. Incluso, les resulta complejo encontrar trabajo estable”, aseguraba.
Sin ir más lejos, esta semana el grupo Translúcidos –otra red de apoyo a la comunidad trans, sin apoyo del oficialismo– denunció que la directiva del Museo Napoleónico de La Habana había cancelado varias actividades que tenían previsto realizar en la institución. Además, les exigieron eliminar “en las redes sociales toda promoción y asociación de las personas trans con el nombre del Museo”.
En su entrevista de 2023, Gil aludía a esta clase de obstáculos con las instituciones estatales
“Esta acción no solo es una falta de respeto hacia la comunidad trans, sino que también refleja una actitud discriminatoria y transfóbica que no tiene cabida en nuestra sociedad cubana”, aseguraban, sin detallar las causas de la cancelación. “Tomaremos todas las acciones pertinentes para que este hecho no quede impune”.
En su entrevista de 2023, Gil aludía a esta clase de obstáculos con las instituciones estatales. Sin embargo, se concentraba en el aspecto práctico de los problemas del colectivo, aunque culpaba al bloqueo de todos los males: “El desabastecimiento de fármacos interrumpe o impide la terapia hormonal y resulta complejo mantener el proceso de transición sin una estabilidad. El mercado informal tampoco es una opción, muchas veces los productos están adulterados y se venden a precios costosos. Tendría que invertir el salario de un mes para comprar un ámpula, que cubre solo cuatro semanas, y el tratamiento es de por vida”.
Si nada es ordinario en la vida de los trans cubanos, la vida de Verde Gil lo es aún menos. Residente en Santa Clara, de padre español y madre cubana, se graduó en Comunicación Social en la Universidad Central de Las Villas. Desde entonces ha apoyado incondicionalmente a Miguel Díaz-Canel como activista y ha participado en “sentadas” oficialistas, como la llamada de los Pañuelos Rojos de 2021, en el Parque Central de La Habana, en respuesta a la Marcha Cívica convocada por la plataforma Archipiélago.
Gil aseguró entonces que no estaba allí “para responderle a Yunior [García Aguilera, uno de los gestores de Archipiélago y forzado al exilio días después], ni para ir hasta el Vedado o el Malecón si marcha por ahí”. A la sentada siguió una temporada de represión y destierros de activistas opositores.
El padre de Verde, Mariano Gil, viajó a Cuba en 1994 “por amor a la Revolución”, según ha dicho en varias entrevistas. Se granjeó la simpatía de Fidel Castro al regalarle uno de sus cuadros y, en 2015, abrió un establecimiento para turistas a la vera del Tren Blindado, descarrilado por la guerrilla de Che Guevara en Santa Clara y transformado en monumento. Atestado de objetos relacionados tanto con el régimen como con la República, y con precios impagables para los santaclareños, Gil no podía darle otro nombre al lugar que Café Revolución.