Pandillas culturales y luchas de poder en Cuba

Cuba y la Noche

¿A quién le prepara Díaz-Canel el terreno para un posible ascenso? A Jaime Gómez Triana, un comisario cultural a la sombra

Fidel Castro junto a Alpidio Alonso y Abel Prieto, los dos ministros de Cultura más recientes de Cuba
Fidel Castro junto a Alpidio Alonso y Abel Prieto, los dos ministros de Cultura más recientes de Cuba / Cubadebate
Yunior García Aguilera

27 de julio 2024 - 13:16

Madrid/En el reciente discurso de clausura de Díaz-Canel ante la unánime Asamblea Nacional, el designado hizo una cita totalmente desconectada del resto de su alocución. Se suponía que el núcleo de su perorata estaría centrado en la economía. Por tanto, lo más lógico hubiese sido escucharlo citar alguna reflexión de un economista o de uno de esos emprendedores que ha conocido de refilón en sus interminables paseos municipales. Pero no. A los protagonistas de esas supuestas “historias de triunfo” los mencionó de carretilla, como para cumplir y justificar los enormes gastos de sus recorridos. Ni una sola de sus opiniones parecía merecedora de aparecer en la arenga. Bastaba con escupir sus nombres para provocar en ellos ese efecto tan primitivo de autocomplacencia: “Vaya, el presi habló de mí. Ese soy yo, el mellizo de la finca Santa Rosa”.

En cambio, a quien sí señaló con nombre y apellidos, citando una larga parrafada suya, fue a un personaje gris, prácticamente desconocido, pero que ya ha ido escalando posiciones entre los grupos de poder que impulsan las políticas culturales en Cuba. El propio Canel, consciente de que su mención se salía totalmente del tema, justificó la cita con una pregunta: “¿Por qué escojo esa reflexión, aparentemente tan lejana de la dura realidad económica que ahora mismo enfrentamos?” Y él mismo se respondía con la matraca de siempre: que si Fidel, Raúl, el Che… que si la sociedad socialista, etcétera.

El rebaño de diputados aplaudió por inercia, como siempre. Pero las dos o tres personas que todavía poseen algo de suspicacia, enseguida comenzaron a sacar sus cuentas y a murmurar en los pasillos. La cita parecía el preámbulo de un inminente nombramiento. Era una muestra de favor, el equivalente de cuando el macho dominante de una manada de chimpancés elige a otro primate para comerse mutuamente las pulgas de sus espaldas.

Pues bien, ¿a quién demonios mencionó Canel en su desconectada cita? ¿A quién le prepara el terreno para un posible ascenso? A Jaime Gómez Triana. ¿Y ese quién es? Preguntarán los lectores. Vayamos paso a paso.

Nuestros abuelos también sufrieron la persecución contra el 'rock and roll' y ciertas actitudes que Fidel Castro calificaba como “elvispreslianas”

La reflexión de Jaime no es nada nuevo. Es parte de una monserga sobre la “colonización cultural” que Abel Prieto rumia un día sí y otro también, para ver si lo invitan a eventos internacionales junto a Ramonet y Atilio Borón. Es la cíclica lucha contra productos que, cada generación, ha considerado seudoculturales, banales o degradantes. Ese mismo discurso (y Jaime debería saberlo, porque es teatrólogo) ya se lanzó contra el teatro bufo, en la Cuba del siglo XIX, cuando se les acusaba entonces de inmorales, superficiales, vulgares e improvisados. Nuestros abuelos también sufrieron la persecución contra el rock and roll y ciertas actitudes que Fidel Castro calificaba como “elvispreslianas”. Nuestros padres fueron testigos de la cruzada contra la timba en los 90, cuando camaradas finísimos se horrorizaban ante su chabacanería. La reflexión de Jaime es cualquier cosa, menos original. Es el mismo argumento que ya se usó para fabricar el infame Decreto 349.

Jaime es un tipo listo, sin dudas. Se ha mantenido siempre a la sombra, susurrando en la oreja de alguien desde la segunda fila. Se sabe poco agraciado y es consciente de una dislalia que entorpece su oratoria, haciendo que diga “todedo” en lugar de torero. Sin embargo, ante la crisis actual de comisarios culturales, parece que lo han convencido de asumir un rol mucho más visible.

Sus colegas más íntimos no lo recuerdan como alguien con ideas ni remotamente cercanas al oficialismo. Durante su etapa teatrera estuvo bastante cerca de Victor Varela y Nelda Castillo, conocidos por discursos en abierta confrontación con el régimen. Pero luego el muchacho aceptó un cargo como vicepresidente en la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y le vendió su alma al Diablo… Bueno, no hay que exagerar, se la vendió a Luis Morlote, un diablillo menor. Así, el rubio larguirucho y el cuadro abanderado de una supuesta “vanguardia cultural” comenzaron su ambiciosa carrera de ascenso. 

Las luchas por el poder en el sector de la cultura han sido notoriamente escandalosas durante estas décadas de dictadura

Las luchas por el poder en el sector de la cultura han sido notoriamente escandalosas durante estas décadas de dictadura. Iroel Sánchez fue quizás el último gran líder de secta, colocando a sus “talibanes” en posiciones estratégicas, dominando los medios de comunicación y tratando de eliminar a cualquier rival en su lucha por el control absoluto de la cosa cultural. Pero Iroel está muerto y los iroelistas tienen los días contados.

Abel Prieto es el consigliere que más tiempo ha logrado sobrevivir entre las mafias culturales. Es, quizás, el más asustado por la mención de Gómez Triana durante el discurso de clausura, ya que Jaime es su vicepresidente en Casa de las Américas. Un reciente tuit homofóbico del ex ministro en la red X posiblemente le ha generado nuevos enemigos cercanos a la cúpula. Puede que le quieran “hacer un Biden”, convenciéndolo de que se haga a un lado por razones de edad y salud mental.

Lo cierto es que el mapa del poder cultural en Cuba se está reconfigurando. Y allí dentro, las pandillas se odian en serio y tienen peleas a muerte entre ellas. Que nadie se sorprenda si en los próximos días anuncian destituciones y reemplazos. El hecho de que Díaz-Canel haya mencionado a Jaime en una cita completamente fuera de lugar, no es algo fortuito. El team Morlote se viene arriba y ello implica que rodarán cabezas. 

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